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VIDA LENTA

<< YO creo que fuimos nacidos hijos de los días, porque cada día tiene una historia y nosotros somos las historias que vivimos…>> Eduardo Galeano

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Mi historia

Firmo como M.Besada, soy artista y tengo una obsesión. Necesito contar historias; escribirlas, pintarlas, dibujarlas, bocetarlas en mi cabeza y leerlas en bajo cada noche mientras duermo.

Una artista por pura necesidad, y mi trabajo habla con desfachatez y sin ningún tipo de cortesía sobre lo que soy. Es irremediable. Hace años rompí mi relación con ella, dejé de contar historias a mi manera, y he tenido que caminar un largo trayecto hasta hoy, para darme cuenta de la necesidad de otro punto de partida, de otro yo, de una visión más limpia y madura que no se deje llevar por lo que pueda parecer. He tenido que cumplir años para reconciliarme con el color, para empezar a entender su lenguaje y volver a ser la contadora de historias que siempre quise.

Todas y cada una de mis obras son escritas antes de plasmarlas sobre un lienzo; la palabra es un elemento primordial sin el que no existiría ninguna. Toda historia nace de una acción, de un acontecimiento o un cúmulo de pequeños detalles que se desarrollan, evolucionan y nos regalan un bien tan preciado como el de una buena historia.

Me muevo entre dos personajes, cada cual más complicado, con fuertes personalidades y nada fáciles de moldear. El color y la tela. Cada obra es narrada en un espacio que se transforma; a un lado tenemos la luz, como personaje narrador, el material como ese protagonista de eternos papeles secundarios y el color, estrella caprichosa muchas veces difícil de dominar y encauzar. Mi trabajo nace del realismo mágico literario; mi mundo real y las historias del día a día que se entremezclan con las acciones que mi mente crea a raíz de estas, momentos o sensaciones que nunca han sucedido pero que siento como tal. Donde está el límite entre lo certero y la ilusión.

Cada obra debe acompañar al que la observa, conducirlo por su historia y dejar que indague, que relea, que haga suyo lo que ve y pueda pasearse sin rumbo una y otra vez por ella. Necesita ser observada para cumplir su propósito, el de cerrar el círculo y así completarse a sí misma.

Encontré una manera de narrar, mi manera de contar las cosas o tal vez ella me encontró a mí. Soñé con Lucio Fontana y su diálogo con el espacio, volvieron a mi memoria novelas de Borges y García Márquez; Matisse, Morandi, Rousseau o Khalo invadieron mis noches, y las horas en un estudio lleno de luz, hicieron lo propio. He empezado a transitar un camino muy táctil visualmente y que nos obliga a movernos físicamente, a buscar otros puntos de vista dentro de la imagen, ya que esta es presentada y representada a través de un movimiento completamente tridimensional y consciente. Las telas mantienen una fuerte lucha con el color por alcanzar ese ansiado papel principal, y este juega con ella entrando y saliendo de la obra como si de un juego infantil se tratase.

Solo se trata de eso, de contar lo que sucede, de contar lo que se sueña, lo que se vive y se desea. Al fin y al cabo el argumento de nuestra vida va de eso, de contar historias, pero en ningún momento necesitamos o queremos saber si reales o no.

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